…¿Por qué está ganando tanto terreno en la sociedad las personas dañinas para las relaciones?..”.

Haciendo lectura en profundidad de algunos de los artículos del Código de Policía y de Convivencia a ya más de un año en que entró en vigencia, se da uno cuenta que el convivir es una de las acciones más complejas en la sociedad, unido a ello el desconocimiento que en las nuevas generaciones se tiene del poder, la función y la actividad de la policía.

El objetivo general de la Ley 1801 de 2016 precisamente es ése, determinar el ejercicio de la policía dentro de las actividades enmarcadas en el cuidado de la sana convivencia, supervigilando el cumplimiento de los deberes y obligaciones de las personas del común.

Dentro de la sana convivencia llama la atención el respeto y la tranquilidad vecinal. No hay como llegar a casa y poder descansar en pleno de las actividades laborales, disfrutar de la familia, relajarse, dormir, olvidarse un poco del estrés que llega a causar el contexto laboral. Pasar de lo social a lo unipersonal, tomando un respiro del día vivido y empezar de nuevo a la mañana siguiente. Eso es privacidad y así está contemplada en el Código, como está contemplado en el artículo 31 el derecho a la tranquilidad y a las relaciones respetuosas.

Es tan fácil irrespetar a los demás, que en ocasiones no nos damos cuenta de ello, considerando entre líneas que el respeto y la suavidad en el trato a las personas debiera ser lo constante. ¿Por qué hoy en día están ganando tanto terreno en la sociedad las personas ofensivas, dañinas para las relaciones y para la armonía de los lugares, incluso de los países? No he podido entender eso. Particularmente tengo una frase que resume esta parte. Las personas buena gente ganan contradictores, las mala gente seguidores.

Volviendo al Código se irrespeta a alguien o se interfiere en su tranquilidad por ejemplo cuando en el vecindario se organizan de modo particular fiestas o reuniones sociales con alto impacto auditivo. Tengo que decirlo es una de las conductas que más fácil se vulnera. Sin embargo, en términos de tolerancia deberíamos entender también la alegría del otro.

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