El Tabloide

Cuerpo de Bomberos de Tuluá, servicio y abnegación

Solo las fotos se conservan de las primeras máquinas que tuvo el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Tuluá. Ellas fueron el primer soporte de movilidad para intervenir los incendios de la época.

Cuerpo de Bomberos de Tuluá, una institución creada para el beneficio de la comunidad. Los tulueños aún añoran su sirena meridiana.

Solo las fotos se conservan de las primeras máquinas que tuvo el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Tuluá. Ellas fueron el primer soporte de movilidad para intervenir los incendios de la época.

Son muchos los años que han pasado desde cuando, para apagar los incendios que se presentaban en los poblados primitivos de la antigüedad, los elementos básicos eran los intestinos y el estómago de los bueyes que se usaban como mangueras y tanques respectivamente.

Hoy, los grandes Cuerpos de Bomberos trabajan con equipos sofisticados, grandes carros cisterna, espumas, escaleras gigantescas y toneladas de agua que facilitan mucho el trabajo de los abnegados bomberos.
La historia indica que el primer Cuerpo de Bomberos existente en el mundo surgió un año Antes de Cristo cuando el emperador Augusto César creó un equipo humano compuesto por esclavos para apagar los incendios de Roma.
Posteriormente, la necesidad sentida de los pueblos empezó a acrecentar la creación de estas instituciones que hoy son básicas para el desarrollo social.

Dato: Su primer trabajo de apoyo como institución fue durante el incendio de la galería de Buga en 1940.

En Tuluá, el Cuerpo de Bomberos Voluntarios fue creado el 1 de septiembre de 1939, de la mano de 17 dirigentes tulueños que veían con preocupación cómo crecía la ciudad sin tan importante organismo.
De acuerdo con el acta de creación, la reunión tuvo lugar en la sastrería de Carlos García Glez, situada en la carrera séptima entre calles sexta y séptima con la presencia del capitán Cristóbal Henao, miembro del Cuerpo de Bomberos de Palmira.
En esa primera reunión fue elegido como presidente honorario Rómulo Ortiz y como comandante Roberto Quintero Tascón, a quien le correspondieron las primeras obras de expansión de la entidad.
El proceso de conformación y dotación tuvo una duración de varios meses, contando con los aportes generosos de los tulueños, especialmente del sector comercial.

Por ello, la primera intervención del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Tuluá en la sofocación de un incendio tuvo lugar más de un año después, el 11 de noviembre de 1940, cuando se presentó el incendio de las galerías de Buga.
El libro de guardia de esa fecha indica que a las 2.30 de la madrugada de ese día “salieron con dirección a Buga las máquinas 2 y 3 con la totalidad del personal a órdenes del señor comandante Daniel Sarmiento Lora”.
La presencia y trabajo de los voluntarios tulueños no solo fue fundamental para la sofocación de la conflagración sino que hubo amplios reconocimientos posteriores por su presencia y apoyo en el momento indicado.

Hombres abnegados y con mucho espíritu de servicio fueron los primeros bomberos tulueños.

En lo sucesivo, los bomberos tulueños hicieron presencia en pequeñas emergencias por fuego pero su potencial fue puesto a prueba en 1949 cuando se incendió la ferretería de Jaime Charria, situada donde por muchos años funcionó posteriormente la Librería Cultura en la calle Sarmiento, y donde fallecieron un abogado y su hijo.
Una de las comandancias de mayor recordación en la historia de la institución tulueña ha sido el empresario Marcos Gabriel Fernández a quien le correspondió traer para la ciudad la primera sirena, entre 1956 y 1962.
Muchos años después esta alarma, que anunciaba no solo las emergencias en la ciudad sino las 12 del mediodía, debió ser suspendida por la instauración de una acción de tutela por un vecino del barrio Tomás Uribe Uribe, alegando contaminación auditiva.

Otros comandantes de grata recordación han sido el médico Óscar Pérez, el portugués Fernando Chaves Faria, Azarías Hincapié Padilla y Hernán Correa quien se retiró para darle cabida al actual comandante, Azarías Hincapié Medina.
Hoy, la institución cuenta, aparte de la sede central en la calle 24 con la alterna de la transversal 12, sedes desde donde se atienden toda suerte de emergencias, tanto de fuego como inundaciones, en especial cuando hay desbordamiento de los ríos Tuluá y Morales.

Son muchas las anécdotas habidas a lo largo de los 78 años de la institución pero también múltiples y casi incontables las emergencias atendidas, las vidas salvadas y las estructuras preservadas por la institución, cuyo trabajo esta siempre encomendando a su santo patrón, San Florián.

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