“…Da grima ver el espectáculo circense a propósito de la aprobación de la justicia especial para la paz (JEP), la columna vertebral de lo pactado en La Habana…”

Este Congreso de la República no tiene nada de admirable, mucho menos de respetable. Los insultos quedan cortos aunque son abundantes de parte de los “políticos” cuando alguien les hace críticas: “Es que habla mal de los políticos”. Descarados, como si la politiquería no se diferenciara de la política que tan pocos entre los pocos ejercen en este país. Da grima ver el espectáculo circense a propósito de la aprobación de la justicia especial para la paz (JEP), la columna vertebral de lo pactado en La Habana y verificado por la ONU que no es un ente terrorista, pro ruso, de izquierda o cualquier sandez que se le ocurre a la oposición cerrera.

Era previsible y hasta tolerable que la extrema derecha y hasta el conservatismo junto al vergonzante Vargas-llerismo que terminará aliado con el uribismo, torpedearan y ensuciaran con todas las artimañas posibles los debates para implementar los acuerdos de paz a los que le tienen pavor porque saben lo que les corre pierna arriba, pero que los mismos enmermelados santistas se pararan de sus sillas para dañar los quorum necesarios para la aprobación de los proyectos ya es la tapa del descaro como sino hubieran aprobado el paquete completo del Acuerdo hace un año cuando se firmó en el teatro Colón en Bogotá. Argumentaron dizque preocupaciones políticas, pero se descrestaron cuando supieron que el SENA iba a quedar listo para la repartija. Y solo cuando salió la sentencia de la Corte Constitucional en un acto más político que jurídico, corrieron a votarla como borregos porque el tribunal violando lo pactado determinó que esos empresarios que pusieron la plata para pagar ejércitos paramilitares acudirán a la JEP si les da la gana y no obligatoriamente como quedó pactado y como en justicia debe considerarse. Y porque seguramente hubo repartija de la marmaja.

Es posible que pasen varias reglamentaciones de los Acuerdos, pero tasajeados por el hambre mostrada por los honorables parlamentarios, que fue mostrada una vez más cuando manifestaron sin vergüenza alguna que a las nuevas curules de paz para las comunidades víctimas del conflicto también deberían participar ellos como representantes de los partidos tradicionales en un acto burdo y puro de hamponeria. Después les deja de correr sangre en la cara cuando les gritan a los ex miembros de la guerrilla que son delincuentes.

Este país santanderista, leguleyo, por ahora parece dejar una moraleja, y es que un grupo armado que negocia solo debe entregar las armas hasta que la última coma la establezca el último órgano del Estado, que por costumbre no se sabe cuál es.

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