El cholado, es una mezcla de hielo raspado con almíbares o mieles, fruta y leche condensada. El toque personal es el que marca la diferencia.

Desde las doce del medio día y hasta las seis de la tarde los amantes del cholado llegan hasta Bugalagrande para deleitarse. Una curiosidad es que ninguna de las protagonistas de esta historia han ido o conocen Jamundí, hecho que valida que los suyos tienen un toque de orginalidad.

No es fácil determinar el origen del cholao o cholado, producto que se reconoce como uno de los mecatos típicos del Valle del Cauca y que se hizo famoso en Jamundí, pero desde hace 23 años, Bugalagrande le disputa el sitial de honor gracias a dos mujeres que han conquistado el paladar de quienes gustan de esta mezcla de hielo raspado, jugos, fruta y mucho dulce.

Este producto tan vallecaucano como el champus nació hace varios siglos y de eso dan cuenta los historiadores que en algunas crónicas relatan cómo Alejandro Magno en sus viajes de guerra siempre pedía incluir en sus cenas un tipo de bebida con la nieve y vino. Tambien se cuenta que Nerón el emperador romano le gustaba que sus esclavos le llevaran de las montañas, toneladas de nieve para mezclarla con zumos y frutas.

Pero el caso que nos ocupa no es tan antiquísimo y se remonta 23 años atrás cuando Piedad González Márquez y su cuñada Deusis Rojas salieron con un carro a vender por las calles el cholado o raspado, pero para ese entonces solo era el hielo molido, anilina amarilla y roja a lo que se sumaba la lechera y si el cliente lo pedía le agregaban limón.

En esa brega de ir por las calles duraron 15 días y decidieron entonces ubicarse en el parque principal de la localidad y fue ahí cuando entró en el negocio doña Fabiola Marquez, madre de Piedad y quien le empezó a poner el toque personal.

¿Se le antoja uno?, Bugalagrande lo espera para que se deleite y disfrute de un cholado.

“Como pasa con todo, en el principio las cosas no fueron fáciles pues en una jornada se vendían tres, cuatro o cinco cholados y eso nos desilusionaba e incluso pensamos en vender el chuzo” cuenta Fabiola, una mujer entrada en años que denota pasión por lo que hace.
Pese a la adversidad decidieron seguir adelante y fue cuando empezaron a hacer cambios agregándole jugos y frutas al gusto del cliente.

El toque secreto

Con el paso de los días Fabiola descubrió lo que podría ser el secreto para que cientos de vallecaucanos de lunes a domingo lleguen hasta la esquina de Avancemos (así se conoce ese sector ) y esperen por minutos y hasta horas para saborear esta mezcla de hielo y dulce.
“Mi mamá es una mujer que madruga todos los días a preparar la leche que se le agrega a los cholados pero es una fórmula personal y muchos piensan que la compramos en la fábrica pero es casera al igual que los jugos y hasta el hielo que usamos pues los bloques de agua los congelamos nosotras” dice Piedad, quien es la encargada del negocio familiar.

Pida la ficha

Una de las cosas que llama la atención es la organización que las González Márquez le han dado al negocio y uno de esos detalles tiene que ver con la expedición de las fichas para reclamar el cholado.
“Siempre habíamos trabajado con las filas, pero notábamos que la gente que arrimaba primero no la atendíamos bien, pues el que llegaba después se metía o no respetaba la cola” dice Piedad, tras agregar que con este sistema la gente se tranquiliza, se sienta en el parque y la espera se hace más llevadera.

El sitio es ideal

Para estas mujeres que se han encargado de refrescar la tarde de los vallecaucanos el sitio que ocupan es el ideal auque no les disgusta la idea expuesta por un concejal de adecuar unos kioscos para darles comodidad.
“Allí estamos bien, es el punto que la gente reconoce y hasta donde llegan en busca de los cholados que preparamos” asegura Piedad, la “negra” como la conocen sus paisanos, una de las responsables de que Bugalagrande gane fama por sus cholados, un majar que endulza y refresca en cualquier época del año.

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