“…Transcurridos tan solo dos días del último mes del año ya en el Valle del Cauca se reporta un niño quemado en el municipio de Palmira, cifra que seguro va a cambiar…”

Ojalá que en el caso del uso de la pólvora durante la temporada de fin de año no se vaya a cumplir la frase aquella de que en el desayuno se sabe qué será el almuerzo, pues de ser así nos esperan días complicados en nuestra región.
Y decimos esto por lo vivido el jueves pasado cuando a la media noche, las detonaciones invadieron el espacio vallecaucano y las caravanas de jóvenes bañados en harina se hicieron sentir por las calles, según ellos para darle la bienvenida a diciembre.
Llama la atención a que pese a las restricciones ya establecidas por los gobiernos nacional, departamental y los municipales frente al uso de productos pirotécnicos, los ciudadanos hayan hecho caso omiso y quemaran pólvora sin compasión alguna en una clara muestra que los controles al expendio de estos elementos están fallando.
Transcurridos tan solo dos días del último mes del año ya en el Valle del Cauca se reporta un niño quemado en el municipio de Palmira, cifra que seguro va a cambiar una vez se den a conocer los datos consolidados con lo vivido en la noche del primero de diciembre.

Ante este panorama hacemos un llamado a los alcaldes como primera autoridad de policía en los municipios para que actúen con severidad y den aplicación a las normas existentes y para ello deberán ir al origen de la problemática, pues los sitios donde se fabrica y expenden culebras, sapas, tronantes, totes y demás elementos están plenamente identificados en los diferentes territorios.

No se puede en este caso ceder ni un solo instante si es que de verdad queremos que el Valle del Cauca abandone los primeros lugares en las estadísticas de niños y jóvenes quemados en la temporada de Navidad y año nuevo.
Pero también el llamado se lo formulamos a los padres de familia y acudientes de los menores para que asuman la responsabilidad de ser los primeros en evitar la tragedia de ver a los pequeños con dedos y manos mutiladas o con cicatrices que se vuelven imborrables.

En este caso las autoridades deben proceder con severidad y hacer que los adultos responsables que permitan a sus hijos o protegidos manipular pólvora reciban sanciones ejemplarizantes pues es la única manera de lograr cambiar esta cultura inadecuada de celebrar de forma estruendosa la llegada de fechas especiales.
Desde ya abogamos para que hagamos de estas fiestas tan bonitas y tradicionales como la noche de las velitas, las novenas al Niño Dios, la noche de Navidad y Año Nuevo una oportunidad para pasarla en familia, compartir con los amigos, recordar lo vivido durante todo el año y planear el venidero alejados de la pólvora y el licor en exceso y evitar así que de la alegría pasemos a la tristeza de vernos en un hospital o una cárcel por una actitud irresponsable.
Es momento tal como lo afirmó esta semana el mayor Julio Mora, comandante de la Estación de Policía Tuluá que empecemos a transformar nuestros comportamientos y le apostemos a la cultura del respeto y la tolerancia.
Que diciembre sea el mes de la alegría y la diversión es asunto suyo, allá usted si tira todo por la borda.

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