…Les pido, entiendan que me aparte de los temas trascendentales para referirme a cosas superficiales…”.

Siempre he pensado que ser columnista en un país donde pasan pocas cosas debe ser tarea complicada, los temas son escasos y los que hay me imagino son trascendentales.
Tal situación no se padece en Colombia, pues en este país tropical un escándalo se cambia por otro y se pasa con facilidad de los asuntos más álgidos y controversiales a las escabrosas frivolidades del Jet set criollo.
Esa multiplicidad de temas que bullen en esta tierra macondiana nos pone a quienes hacemos parte de los espacios de opinión a escoger el asunto que abordaremos. Es como estar ante una tentación a la que finalmente cedemos por una u otra razón.
En mi caso pensé escribir sobre la aterradora situación de Venezuela y la constituyente de Maduro, pero se me atravesó el muy convenido divorcio de Daniela Ospina y el astro del Bayer James Rodríguez. Separación tan preparada como la escena del ósculo que le robaron a Carlos Vives y horas después del show mediático el samario lanzó una canción con Sebastián Yarta, curiosamente rindiéndole homenaje a ese momento sublime de la pasión humana.
Quise escribir en defensa de Daniel Samper y de las andanadas del expresidente Uribe pero en ese instante apareció el escándalo que generó la condecoración a Nolberto, el afamado estilista nacional a quien considero el compatriota menos egoísta que tenemos, pues ha embellecido a medio país menos a él y por esa sola razón la condecoración es más que merecida.
Cuando ya había encontrado un tema tan serio como las cifras increíbles del DANE sobre el desempleo en Colombia, me llegó la letra y música del tema que cantaron a dúo Romeo Santos, el afamado bachatero puertorriqueño y el inacabable Julio Iglesias. Pensé en el padecimiento del cantante boricua y me lo imaginé en la UCI de alguna clínica americana recuperándose del colapso cerebral que le produjo cantar junto al españolete esa oda maravillosa que le compusieron al pene (si, leyó bien) gesto que le agradecemos al gigantón de voz aflautada porque nadie antes había tenido gesto con tan gallardo amigo.
Les pido, entiendan que me aparte de los temas trascendentales para referirme a cosas superficiales que hacen parte de nuestra realidad y que de alguna manera permiten no sucumbir en medio de la locura.

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