“…Crecí bajo principios de total autoridad donde me acostaba a dormir a la hora que mis padres ordenaban…”.

Los abuelos que son personas sabias suelen usar la frase “se cumplen las órdenes o la milicia se acaba” y la usan de alguna manera para referenciar la autoridad como uno de los pilares de la sociedad en todos los tiempos.
Hoy ese principio básico se ha venido a menos y es por eso que asistimos a episodios como el del patrullero de la policía que se quitó la reata que hace parte de su dotación para emprenderla contra un superior suyo por no compartir sus decisiones o procederes.

La pérdida de autoridad permitió que un grupo de vándalos, delincuentes camuflados en la mal llamada protesta social incendiaran una alcaldía en el Urabá y destruyeran los peajes recién construidos. En este punto específico creo que los ciudadanos tienen derecho a protestar, reclamar y exigir pero lo que no se puede es pasar a las acciones delincuenciales tal como sucedió en esta región o en el Cauca donde un indígena intimidó machete en mano a un uniformado del Ejército Nacional que cumplía con su deber.

La desaparición lenta pero continua de esta norma de vida lleva a que los ciudadanos transgredan las normas de tránsito y la emprendan luego en contra de los agentes que los llaman al orden atacándolos a golpes y causándole todo tipo de lesiones.
Todo este panorama que se torna desolador y que nos hace pensar que vendrán días peores, tiene su origen en la familia, pues es allí donde toman vida todos los valores de las personas y lamentablemente, esa célula de la sociedad ha perdido el referente de autoridad porque los padres ya no la ejercen algunos por no estar presentes y otros porque se han dejado confundir por una línea de pensamiento psicológico y la han cedido bajo la falacia de que a los hijos no se les puede reprender o castigar.

Yo tuve la fortuna de crecer bajo principios de total autoridad donde de niño y aún adolescente me acostaba a dormir a la hora que mis padres ordenaban con o sin sueño, comía lo que servían en la mesa sin refunfuñar y recuerdo que hasta alcanzar la mayoría de edad no tuve llaves para salir o ingresar de mi casa donde la frase “Mientras viva bajo este techo usted hace lo que yo diga” lejos de ser algo intimidante era una norma que se cumplía a rajatabla.
Así las cosas y si de verdad queremos que haya un cambio, el Estado debe transformar el libreto y encausar los esfuerzos hacia la recuperación de la familia como el eje motor de la sociedad pero que ante todo los magistrados y congresistas no sigan legislando en contra de los principios y valores básicos y necesarios que permitan refundar la patria desde la autoridad.
Les pido no confundir esta columna con un viraje hacia el pensamiento uribista, pues yo hablo de autoridad y no de abusos y atropellos de los cuales habrá tiempo de hablar luego.
cahucagrande@yahoo.es

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