“… deben ir desde la pérdida de la patria potestad o la pena privativa de la libertad de ser necesario…”.

Alexánder Espejo, director de este semanario suele usar una frase que cada día cobra validez y se refiere a que en Colombia muchos de los problemas que se registran, tienen su origen en la materia prima, en la condición humana de quienes nacimos en esta tierra.

Y digo que cobra vigencia diariamente, pues no de otra manera se puede entender que casi un centenar de personas se hayan quemado con pólvora en el Valle del Cauca y casi un millar en el territorio nacional.
De nada sirvieron las campañas que desde el gobierno departamental y las alcaldías se emprendieron con antelación, los concursos de dibujo para que los niños dejaran mensajes sobre los peligros de este elemento que erróneamente algunos siguen considerando como indispensable para celebrar la navidad, despedir o darle la bienvenida al nuevo año.

Es increíble que todavía haya mentes tan limitadas que no dimensionan el grave riesgo que significa exponer a los niños a un elemento que deja huellas de por vida en las personas y mucho más en los pequeños que manipulan los diferentes artefactos que se fabrican.

Se hace necesario entonces pasar de la letra muerta consignada en las normas expedidas y llevar a los estrados a quienes de manera irresponsable les dan a los niños elementos pirotécnicos y castigarlos de forma contundente de manera tal que las sentencias que se dicten sean ejemplarizantes y deben ir desde la pérdida de la patria potestad o la pena privativa de la libertad de ser necesario.

Los casi 100 quemados con pólvora en el Valle del Cauca significa que este es un tema de salud pública que debe mantener lo pedagógico, pero al mismo tiempo endurecer las acciones correctivas drásticas, sin contemplaciones pues el 2018 dejó en evidencia que en Colombia, como decían los maestros de antes, “la letra con sangre entra”.

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