“…pese a los 10 puntos de sutura puedo decir que regresar a la isla fue lo mejor de este año 2018…”.

Después de varios años tuve la posibilidad de volver a la isla de San Andrés, gracias a la generosidad de doña Nilsa López de Espejo, gerente de EL TABLOIDE, quien nos sorprendió meses atrás con el regalo de viajar a este lugar donde no dudo, Dios puso sus ojos y replicó en esta tierra rodeada por un mar multicolor, un trozo del paraíso.

La isla ha tenido un cambio admirable y obras como el malecón construido en el gobierno del presidente Uribe a lo largo de la hermosa playa le dio una nueva cara y ha detonado el desarrollo de la zona.
Sin embargo y pese a todo lo que posee regresamos después de vivir momentos de plena felicidad pensando que vale la pena que el gobierno potencie esta región paradisiaca y ejecute obras como el muelle en la isla de Yoni Kay, uno de los mayores atractivos que posee y donde subirse y bajarse de las lanchas resulta riesgoso para la integridad de los turistas.

También fuimos receptores de la preocupación por el incremento de la inseguridad en los diferentes sectores y que está ligado al expendio y consumo de sustancias alucinó-genas, factor que podría desestimular la presencia de los turistas provenientes de las diferentes latitudes del mundo.
Igualmente se le debe prestar atención al recién construido Clarence Lynd Newball Memorial Hospital, sitio de salud en el que terminé mi excursión, pues pese a las 50 mil advertencias de no poner las manos en el borde de las lanchas, lo hice y la uña con parte de mi dedo índice izquierdo quedó sembrado en las profundidades del mar sanandresano, hecho que no opacó mi felicidad, pues pese a los 10 puntos de sutura puedo decir que regresar a la isla fue lo mejor de este año que empieza a expirar y he prometido volver con Lida, Salomé y Juan Diego pero alejándome del borde de las embarcaciones, pues esa espichada de dedo no se la deseo ni a mi peor enemigo.

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