“…familias que desde hace 60 años esperan que les solucionen el tema del acueducto…”.

Siempre le he pedido a Dios que nunca permita que pierda la capacidad de asombro y mucho menos en este oficio que ejerzo desde hace más de dos décadas, tiempo en el que he visto infinidad de sucesos, buenos, regulares y malos.

Quizá por eso quedé asombrado al ver como un puñado de vallecaucanos residentes a cinco minutos de la doble calzada en el municipio de San Pedro, salían con sus tarros, ollas y todo tipo de recipientes para recibir unos cuantos litros de agua que gentilmente y ante la mediación de este Semanario, les llevó Centroaguas.

Ese grupo de 34 familias residen en una vereda casi desértica llamada Guadualejo, familias que desde hace 60 años esperan que les solucionen el tema del acueducto y en quienes se refleja la desesperanza en las instituciones y sus dirigentes que parecen no darse cuenta del drama social que allí se vive y que se intensifica en cada verano.

Al verlos haciendo fila para recibir un poco de agua me llevó a pensar en lo que estas personas, hablo de los mayores, han hecho con su voto y de qué manera han participado en las contiendas para elegir alcaldes y concejales y se me ocurre que lo han botado a la basura, pues no se concibe que los mandatarios designados y luego elegidos por la soberanía del pueblo no hayan movido un dedo para buscar que a Guadualejo llegue agua pura y no la sucia que periódicamente les llevan en un carrotanque oxidado.
Respetando el pensar y sentir de esta comunidad, pero debo decir que es hora de despertar y que es tiempo de dejar de votar por el que diga este o aquel o como dice una frase de temporada política elegir los mismos con las mismas.

Si en San Pedro, la gente sigue votando siguiendo como si fueran robot estarán condenados al atraso por siempre y en Guadualejo y Chancos se quedarán esperando el agua pura y recibiendo el líquido con sabor a óxido.

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