“…La tarea ahora es seguir regando esa semilla que se plantó el pasado 27 de mayo…”.

El que inventó la frase “la política es dinámica” no sabe el daño que le hizo a esta actividad que los griegos definieron como el arte de servir, pues en Colombia la palabreja se usa para justificar las volteretas de los dirigentes locales, regionales y nacionales que se acomodan a sus conveniencias sepultando los principios de los partidos que representan.

No basta sino mirar la campaña que acaba de terminar para la presidencia de la república y darnos cuenta que los jefes lo tenían fríamente calculado y ante el revés de sus candidatos que tenían previsto madrugaron a subirse al bus en el que ellos consideran viaja el candidato con la más alta opción de reemplazar a Juan Manuel Santos Calderón.

Lo que llama la atención y causa hilaridad es oírlos decir que se sumaron bajo un acuerdo programático porque les da pena decir o reconocer que se adhirieron para hacer la fila y una vez elegido el nuevo gobierno, hacer la fila donde repartirán la torta burocrática.

La dinámica entonces les permitió a los jefes liberales, conservadores, de Cambio Radical y La U descubrir que Iván Duque es un candidato de condiciones excepcionales cuando 48 horas antes habían dicho que no tenía la experiencia ni siquiera para administrar una tienda de barrio y le sirvió a César Gaviria para olvidar que unos años atrás se quedó afónico de gritar No más Uribe, a quien descalificó ante las cámaras y los micrófonos y ahora aparece sonriente respaldando a su “pollo”.

Por eso aplaudo y destaco al profesor Sergio Fajardo, quien tras los resultados del domingo pasado y tras los análisis necesarios anunció su voto en blanco demostrando coherencia, una palabra escasa en nuestro medio donde acomodarse es lo más fácil porque la política se hace sin ideales y mucho menos principios.
No obstante, la jornada del 27 de mayo abrió un camino alimentando la esperanza que se puede hacer política diferente y construir una nueva sociedad.

La tarea ahora es seguir regando esa semilla que se plantó y que germinará si los ciudadanos y ante todo los nuevos se concienticen que la patria, cualquiera sea la idea que de ella tengan los necesita y reclama y que no podrán seguir votando por el que le digan y esto aplica para Tuluá, donde los áulicos de siempre empezaron a rodar esa frase.

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