Hacia mediados del siglo pasado, los tulueños todavía salían a las orillas de la carrilera para ver pasar el tren y saludar a quienes viajaban para Cali o Cartago.

Hablarles hoy del tren, la estación o la locomotora a los Milliennials, aquella generación nacida entre 1982 y 1994, o a los iGen, los nacidos entre 1995 y 2007, es como hablarles en mandarín porque muy pocos van a entender estos términos. De hecho todos los de la última generación ni siquiera conocen un tren.
La historia del tren en Colombia tiene sus inicios hacia el siglo 19 entrando por Panamá en 1855 para continuar por la costa Atlántica con proyección de llevar la línea férrea hasta la región Pacífica.
De acuerdo con el libro Recuerdos tulueños del historiador Hernando Vicente Escobar García, en el Valle del Cauca los primeros rieles se extendieron en 1872 pero, por diferentes circunstancias relacionadas con la topografía y problemas administrativos y de financiación, su llegada a Cali finalmente se dio en 1915.
«La prosperidad no solo llega a Cali sino también a todas las pequeñas ciudades que sienten cómo su historia cambia en el momento en que son tocados por las vías férreas» señala el texto de Escobar García.

Llega a Tuluá

Una vez las líneas del ferrocarril llegaron a la capital del departamento, se empezaron los trabajos para extenderlas hacia los municipios del norte, encargándose a Nemesio Rodríguez de León para desarrollar este dispendioso trabajo.

Muchos tulueños del siglo pasado salían a la estación para ver la llegada de tren o el autoferro.

Según el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, fue Rodríguez de León, su bisabuelo, y quien había trabajado con un ingeniero cubano de apellido Cisneros, quien adelanta los primeros trazados.
«Mi bisabuelo ya había montado, junto con Cisneros, el ferrocarril entre Tumaco y Pasto en un proceso que fue largo. Luego moriría de tifo negro en Ricaurte, Nariño» señala el novelista.
Escobar García por su parte señala que Rodríguez de León llegó a la ciudad y se alojó en el Hotel Tuluá donde tuvo una corta relación con Rosaura Escobar, la dueña del lugar, unión de la que nació Nemesio Rodríguez Escobar, quien luego se hizo sacerdote y formó parte de varios cuentos y novelas de Álvarez Gardeazábal.
A Tuluá el primer tren arribó el 7 de agosto de 1922 luego de que se edificaran la estación y las bodegas cuyo enlucimiento se llevó a cabo bajo la gerencia del Ferrocarril del Pacífico del general Alfredo Vásquez Cobo en 1923.

Los pasoaniveles

La extensión de los rieles a lo largo de la ciudad hacia el norte, produjo la necesaria construcción de una serie de puentes y bajoniveles, entre los que se cuentan el elevado de la calle 25, los pasos de los barrios Rojas y Maracaibo así como los bajoniveles de La Trinidad y San Antonio.
De todos ellos, el bajonivel de la calle 25 se ha constituido no solo en un paso obligado para quienes habitan en el occidente de Tuluá sino que, en varios momentos, ha sido fruto de controversia por la construcción de un muro aledaño en la administración de Álvarez Gardeazábal que luego fue demolido al inicio del mandato del actual alcalde, Gustavo Vélez.

Con el paso de los años y la construcción de vías carreteables más rápidas, modernas y seguras, empezó el declive del tren que se tornaba lento ante el auge del automóvil, el camión y la tractomula cuya velocidad lo superaba con creces.
Tuluá requería entonces una Terminal de Transportes para el ingreso y despacho de las nuevas empresas de transporte público intermunicipal, escogiéndose en la administración de la época el sitio donde, desde hacía 60 años, funcionaba la estación del ferrocarril.

El edificio de arquitectura casi colonial con sus oficinas y bodegas fue demolido en 1978, dándose inicio a la construcción de la Terminal de Transportes aunque por varios años más funcionó en la parte posterior un despacho de trenes que seguían llegando cada vez con menos asiduidad a la ciudad.
Hoy solo quedan los recuerdos en los mayores de lo que fue el tren, la locomotora y los viajes lentos pero seguros en estos vehículos que son palabras ininteligibles para las nuevas generaciones que ya no necesitan transportarse para comunicarse con los demás pues para ello tienen a la mano la tecnología digital.

También te puede interesar:   Las casas de citas del Victoria, un paseo memorístico por estos sitios que fueron muy populares
Compartir: