Las mujeres de antes no podían acercarse ni a la puerta, sopena de ser señaladas o reprendidas por sus padres o parejas. El sitio es aún el punto de encuentro obligado. Juan de Jesús Mesa “Juancho Mesa” era el propietario del tradicional café y lo atendía personalmente.

Dicen los bugueños de antes que el Café Canaima de hoy no es ni señas del de antes y no lo dicen porque el tinto haya perdido calidad o sus buñuelos ya no tengan el mismo sabor, lo afirman porque ese punto que hace parte de la historia e idiosincracia de la Ciudad Señora solía ser un sitio exclusivo para los negocios y reservado solo para hombres de pelo en pecho o los jovenzuelos que hacían tránsito hacia la mayoría de edad.

Para los de antaño y que hoy evocan el café de hace algunas décadas, El Canaima era ni más ni menos la bolsa de valores de los bugueños, un sitio donde se pactaban negocios de bien raíz, se compraba y vendía ganado, tierras o lotes agrícolas sin más rúbrica que la palabra, pues por esas calendas lo que se hablaba entre hombres se respetaba o de lo contrario se pagaba con la vida de ser necesario.

Foto que recogen momentos históricos que muestran el Café Canaima y su evolución.

A este lugar que está a un costado del parque Cabal en pleno centro de la Ciudad Señora llegan personas de edad avanzada en busca de un tinto cargado y un vaso de agua, solo que hoy ya no suena música ni se juega billar, pero en el fondo las charlas siguen siendo las mismas en torno a la política, parroquial y nacional, los deportes en especial el fútbol y el ciclismo. Este último deporte reune el público por estos días que los “escarabajos” colombianos dejan su piel en las carreteras de la mítica Vuelta a España.

Sobre la edificación se dice que pertenece a una corriente llamada el brutalismo, estilo arquitectónico en el que predomina el uso de materiales en bruto, en el que sobresale el hormigón.
Para algunas personas consultadas, El Canaima es el lugar más conocido y nombrado por los bugueños y es el sitio ideal para escuchar y dialogar de cuanto sucede en la ciudad, a tal punto que quien quiera saber lo que ha pasado debe ir al sitio y la noticia está fresca y acertada.

“El Canaima lo es todo en lo que ha representado la vida cotidiana de los bugueños amantes del chisme parroquiano y de los negocios. Es el punto de encuentro de mayor importancia en Guadalajara de Buga por su ubicación es un referente o sitio ideal para quienes realizan negocios relacionados con la propiedad raíz, venta y compra de automotores y de aquellos que son amantes de la historia de la ciudad” dice el veterano periodista Rafael Valencia, quien desde hace más de tres décadas reside en la localidad y que de manera ocasional llega hasta el sitio para tomarse un tinto y recoger información.

Este es el hoy del Café Canaima, pese a la modernidad sigue siedo el lugar de encuentro de los bugueños

“Aunque es inevitable que se haya transformado por la modernidad y los nuevos tiempos, para mí este sigue siendo el punto de encuentro de los que residimos en esta ciudad y de los viajeros, pues a pesar de la existencia de centros comerciales y otras cafeterías, El Canaima conserva la magia de los cafés antiguos y aún se percibe en sus paredes ese olor a nostalgia” agrega el periodista.

“Hablar de este sitio me genera una mezcla de alegría y nostalgia, pues al pasar por allí me parece estar viendo a mi padre con sus ´amigotes´ hablando y riéndose de la vida a la espera de algún cliente con quien había pactado una cita. Esa era su oficina con horario y todo pues llegaba a las ocho de la mañana, salía las doce meridiano y regresaba a las dos” comenta Teresa Martínez, una bugueña que como muchos otros, añora los tiempos idos en la Ciudad Señora.

Del viejo Canaima queda solo la edificación que está en mora de ser restaurado y las fotos que reposan en archivos particulares o en los de la Academia de Historia Leonardo Tascón que las conserva celosamente.
Pero si usted decide ir a Buga para conocer uno de los Pueblos Patrimonio de Colombia no deje de arrimar a la esquina de la catorce con tercera, tomarse un café con pandebono y ver pasar la gente por sus calles en medio de los afanes diarios de la vida.

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