Faroles de todos los tamaños y características se fabrican en la empresa de Guillermo y Henry Moreno. Tuluá ha sido referente nacional por la creatividad de sus habitantes en lo atinente al alumbrado.

Siguiendo con atención las instrucciones de quienes saben hacer faroles, como los hermanos Moreno del barrio Alameda, se aprende a elaborarlos. En su casa se han hecho faroles y cometas por más de 40 años.

Lo que desde hace miles de años empezó como una actividad eminentemente religiosa para celebrar la Inmaculada Concepción de la virgen María cada 8 diciembre, hoy se ha ido convirtiendo en una fiesta en la que brilla por su ausencia la madre de Dios y, por el contrario, afloran toda clase de jolgorios muy distintos a la tradición.

Entre las diversas manifestaciones navideñas, una que nunca ha faltado en los hogares colombianos es la de los faroles, conocidas por muchos como la Noche de las Velitas, y en ese aspecto Tuluá ha marcado una enorme diferencia con otras localidades por la creatividad de sus gentes.

Esa misma tradición ha conducido a que en muchos hogares, especialmente los del siglo pasado, hicieran allí mismo los faroles, especialmente en las noches cuando las familias se reunían en torno a una gran mesa y armados de papelillo, cartón, tijeras, pegante y mucha imaginación, en cuestión de horas estuvieran listos los faroles del 7 y 8 de diciembre.

Otros, un poco más creativos, cuando las normas ambientalistas no eran tan estrictas, atravesaban la ciudad y, en la tarde del 7 se veían arrastrar chamizos y ramas que luego colocaban entre un tarro de arena y en ellas se instalaban los faroles; o cortaban tiras de guadua, las arqueaban en el andén y allí instalaban las velas.

Haciendo faroles

Ante la pérdida de la tradición familiar de hacer cada sus faroles, EL TABLOIDE se trasladó a una fábrica de estos elementos navideños para hacer un poco de pedagogía e invitar a sus lectores a volver a esta práctica que servía para reunir a la familia.

El trabajo, que también fue grabado para el Facebook Live de este semanario, se desarrolló en la casa de los hermanos Gustavo y Henry Moreno, miembros de una familia que por muchos años tuvo su fábrica en la carrera 33 entre calles 31 y 32 del barrio Victoria, pero que ahora se encuentran en el barrio Alameda.
Su quehacer farolero se remonta a hace algo más de 40 años cuando, por enseñanza de la madre, que era ducha en la elaboración manual de artesanías, no desperdiciaban diciembre para hacer ellos mismos sus propios faroles así como también las cometas de agosto.

«Hacer faroles es relativamente fácil, aunque todo depende del diseño que se quiera hacer» señala Gustavo Moreno mientras recorta tiras de papelillo que luego convierte en pétalos de una flor en cuyo centro va la vela que alumbra el farol.

Fáciles y difíciles

Los tradicionales, redondos y con la ve-ladora en el fondo, son obviamente los más fáciles de elaborar. Solo es cuestión de cortar las tiras de papelillo, generalmente brillante, armar los redondeles en cartón ligero y la base en cartón más grueso para, finalmente, colocarle el alambre si es que se quieren para colgar.

«Hay otros más sofisticados. Hay clientes que nos piden vírgenes para alumbrar sus andenes o frentes; otros los prefieren cuadrados y con palo en la base para que queden más altos y hay los que quieren grandes arreglos florales y hasta casitas navideñas» agrega Henry, el segundo hermano de los Moreno.

En conclusión, hacer faroles es una tarea que resulta dispendiosa si no se tiene la práctica pero, en el fondo, es bastante placentera si se hace en grupo, bajo el calor de las anécdotas familiares y el recuerdo de los mayores que fueron quienes implantaron esta tradición en las familias tulueñas. Toda una tradición.

También te puede interesar:   El pesebre móvil de la Esbol, una tradición que se niega a desaparecer

De dónde viene el alumbrado navideño

La costumbre de prender velas o faroles en las calles data de 1854 cuando el papa Pío IX hizo pública la bula Ineffabilis Deus mediante la cual se estableció el dogma de la Inmaculada Concepción.
Como momentos previos a esa celebración, los creyentes romanos iluminaron sus calles con velas y faroles como muestra de apoyo a la decisión papal.

Colombia adoptó la misma posición ese mismo día y desde entonces, cada año, el 7 de diciembre, como preámbulo a la celebración, y el 8, cuando se celebra propiamente la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, sus casas se llenan de luces. Ese día comienzan en firme las fiestas de Navidad en el país.

Aunque esta tradición de prender velitas en la noche del 7 de diciembre y el día siguiente no está enmarcada en el contexto formal religioso de la Iglesia, pues esta no la fomenta, es una tradición de inspiración religiosa de la cristiandad. Las tradiciones son las que ayudan a preservar la cultura.
Esta será la fecha para celebrar en familia, para disfrutar la unión familiar y con toda la devoción posible encender las velitas en homenaje a la Inmaculada Concepción.

Aliste los farolitos y no dude en disfrutar de una verdadera integración en familia, de hablar con sus seres queridos, realizar una plegaria por todos los miembros de su hogar y ofrecer un cambio interior para ser mejor persona.

Compartir: